1. Introducción

Hoy comenzamos el curso de Psicología Integral de la Persona o Psicología Realista.

En esta primera clase haremos una presentación general de nuestra propuesta en Psicología.

La propuesta que hoy traemos no creemos que resulte de una innovación en el campo de la Psicología, ni que se trate de una propuesta original, sino por el contrario se funda en resultados derivados de nuestra experiencia clínica,  teniendo como guía el “sentido común”, la fundamentación teórica en la que nos basamos y la observación pausada de la realidad.

A continuación presentaremos la propuesta de abordaje integral del paciente como proyecto de la Fundación CEyTEC. Será algo muy esquemático y representativo de la enorme cantidad de aristas que se abren en cada uno de los planteos.

Es de experiencia, a menudo constatable, que muchas de las corrientes actuales de la Psicología y psicoterapia obtienen resultados positivos en su aplicación, es decir, son fuentes de cambio y mejoría en los múltiples pacientes y en orden a las distintas patologías.  A pesar de las sustanciales diferencias que, muchas de las veces, entre ellas existen, pueden encontrarse elementos comunes, que ciertamente producen ese efecto positivo. Consideramos que entre miradas, a veces tan dispares, existe un elemento común. La variable que hace consistente las diversas aplicaciones terapéuticas y las miradas teóricas, es la naturaleza humana[1]. Éste es el trabajo que decidimos abordar, es decir, unir los elementos útiles de las distintas escuelas, pero desde una única mirada acerca de la persona humana.

Es así que desde hace algunos años comenzamos con la tarea de investigar un fondo teórico común a las diversas técnicas que utilizamos y a fundar el trabajo sustentado en una visión integral.

Inicialmente encontramos la necesidad de retomar la consideración de la dimensión espiritual de la persona, tal como lo propone el Dr. Viktor Frankl: “Yo quisiera ser médico de almas no para un mecanismo psíquico corrompido, ni un aparato psíquico en ruinas, ni para una máquina deshecha, sino sólo para lo humano en el enfermo que se halla detrás de todo ello y para lo espiritual en el hombre que está por encima de todo ello”. (Frankl 1964).

Sin embargo, no cerramos la observación de nuestro campo de acción a mera espiritualidad. Las operaciones de la naturaleza humana son tan numerosas y complejas que ofrecen una fuente inagotable a la investigación. Quizás si no hubiera tantas profundidades ocultas en  el ser del hombre, no habría tanta diversidad de escuelas psicológicas. La complejidad cósmica de la persona explica de algún modo la existencia de tantos sistemas y diferencias académicas en el campo psicológico. Por eso es natural y explicable que el investigador que concentra su atención en una de esas múltiples facetas, llegue a olvidar las demás o pretenda explicar el todo en función de alguna parte.[2]

Estas consideraciones nos han llevado a una profundización en el estudio de la filosofía y la antropología generando una cosmovisión desde la cual partimos a la aplicación clínica. Esto, finalmente, nos lleva en la actualidad a presentar un Proyecto de abordaje integral del paciente. Aunar teoría y práctica, que son atravesadas por una misma visión antropológica clásica, es lo que caracteriza a la Fundación CEyTEC. El poseer parámetros filosóficos claros otorga a la práctica clínica solidez, coherencia y por sobre todo integridad racional.

  1. Cosmovisión antropológica y abordaje integral:
  1. Generalidades:

La propuesta en la que estamos trabajando no se trata de una “nueva corriente” de Psicología, tampoco de una nueva escuela. Apunta fundamentalmente a lograr la unidad de criterio entre los profesionales desde una misma cosmovisión, desde una particular mirada de la persona humana.

Nuestro modesto trabajo consiste en el estudio y aplicaciones terapéuticas de la Psicología con una visión integral del ser humano, respetando la naturaleza humana de cada persona sufriente. Proponemos un proyecto de abordaje desde una perspectiva Realista. Esto significa que estamos abiertos a la realidad que nos trasciende y confiamos que la razón es capaz de sucesiva y gradualmente irse adecuando a la verdad de las cosas. El realismo filosófico es más una actitud frente a la realidad que un resultado alcanzado. Con esta actitud como punto de partida, la razón se transforma en testigo de la verdad y no en constructora de la realidad.

Es por ello que el estilo de psicología que hacemos lo hemos venido en llamar “Realista o Integral”. A continuación proponemos una definición que consideramos apropiada para dicha Psicología: “La Psicología Integral o Realista es el estudio científico de los procesos mentales, volitivos y afectivos del ser humano, considerado como totalidad unificada de alma y cuerpo a la luz de los aportes de la tradición antropológica clásica greco – latina: representada por los grandes clásicos, y enriquecida por los humanistas y científicos de todos los tiempos. De esta visión integral del ser humano se proyectan luego las líneas pragmáticas para una psicoterapia respetuosa de la naturaleza humana”.

Nuestro apoyo en los clásicos y principalmente en Santo Tomás de Aquino es fundamental. Tomás de Aquino se convierte hoy en una luz de especial interés para la Psicología. La extensión y profundidad con que es tratado el tema del hombre en sus escritos brindan una visión que no deja menos de sorprender por su riqueza y actualidad. En palabras del filósofo catalán Francisco Canals: “Quien quisiese investigar bien todas las veces que Santo Tomás habla de la vida personal del hombre y las cosas que dice de ella, encontrará un tesoro antropológico y psicológico”[3]. Nos referimos aquí no sólo a principios genéricos o abstractos acerca del ser humano, sino a temas muy concretos y propios de la Psicología. El mismo Erich Fromm llegó a afirmar al respecto: “En Tomás de Aquino se encuentra un sistema psicológico del cual se puede probablemente aprender más que de gran parte de los actuales manuales de tal disciplina; se encuentran en él interesantísimos y muy profundos tratados de temas como narcisismo, soberbia, humildad, modestia, sentimientos de inferioridad, y muchos otros”[4].

Una psicología Realista o Integral supone una psicología con alma, es decir, una cuyo objeto de estudio es el alma, “el hombre interior”, como dice Santo Tomás.[5] Por otra parte también es una psicología con cuerpo. Es indudable que el cuerpo[6] es la parte material del ser humano. No se trata de dos sustancias separadas sino que hay entre ambos principios una unión substancial. Por este motivo, el cuerpo humano no puede ser reducido a un complejo de tejidos, órganos y funciones, ni puede ser valorado con la misma medida que el cuerpo de los animales, ya que es parte constitutiva de una persona que, con él se expresa y se manifiesta.

La idea básica aquí es la unidad sustancial del ser humano, que es unitas multiplex, unidad de una diversidad, unidad de un compuesto corporal y espiritual: el hombre es un animal-racional. El alma en la concepción aristotélica no es, como en Descartes, una sustancia inmaterial pensante, esencialmente desvinculada de la materia extensa de un cuerpo mecánico; es el principio sustancial, informador de una realidad que es a la vez corporal y espiritual, sensible e intelectual.[7]

Nuestra propuesta consiste en una visión que oportunamente combina la mirada antropológica clásica, respetuosa de la naturaleza humana, que concibe al hombre como una totalidad  con el uso de las técnicas y métodos descubiertos en la ciencia psicológica moderna, siempre y cuando sean afines a la concepción integral del hombre.

  1. Abordaje integral del paciente:

En el mundo de la investigación y de la clínica existe en la actualidad una fuerte tendencia a la integralidad, así se expresa por ejemplo en la interesante influencia que tiene hoy la medicina psicosomática. La noción de unidad en la persona y de integralidad, se nota claramente en el planteo que hace Nezhat, C., un prestigioso ginecólogo de la Universidad de Stanford, quien refiere que si una paciente que debe someterse a una operación, el día de la misma afirma que siente pánico y no quiere pasar por ella, no duda en cancelar la intervención. Explica que las personas que están muy asustadas tienen mayor probabilidad de tener problemas durante la operación, más complicaciones postoperatorias, como hemorragias abundantes, infecciones, dificultades en la recuperación. Con el pánico y la ansiedad se produce la estimulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHS), con el consiguiente aumento de hormonas como el cortisol y la adrenalina que elevan la presión sanguínea, lo que produce dilatación de los vasos sanguíneos. Las venas dilatadas por la presión sangran con más facilidad cuando el cirujano practica la incisión siendo riesgoso para el paciente.[8]

Es también nuestro propósito poder arribar a una integralidad en vistas a saldar la frecuente fragmentación que vive la ciencia psicológica en la actualidad, estribando en una mirada integradora en orden a un mejor y más perfecto estudio y abordaje de los pacientes.

Por otra parte, el realismo filosófico es más una actitud frente a la realidad que un resultado alcanzado. Con esta actitud como punto de partida, la razón se transforma en testigo de la verdad y no en constructora de la realidad. Esta actitud realista se expresa desde el momento en que el paciente arriba a la consulta, desde la atención de la secretaria  a la conversación cálida y profunda que pueda tener con cada profesional.

La integración en la concepción del paciente deja verse en las primeras entrevistas y la anamnesis que recaba información de todas y cada una de las dimensiones de la persona, su estado físico, antecedentes, sueño, alimentación, ingesta de sustancias, amistades, creencias religiosas, pasatiempos, estilos de música, gusto por las artes en general, capacidad de lectura, niveles de estudio y aprendizaje, etc.

Esta concepción en sí misma representa un éxito terapéutico, porque ya desde su inicio, restaura la imagen del hombre  dándole una visión más completa y por otro lado, hace uso de los aportes de los avances de la ciencia.

Además de generarnos un marco conceptual sólido, sobre el cual nos asentamos para libremente escoger técnicas psicoterapéuticas de las distintas corrientes, también nos ha abierto un gran campo de investigación en orden a la aplicación de una Psicoterapia en clave tomista. A través de esta psicología, se trabaja en una suerte de epigénesis, en un camino ascendente, de abajo hacia arriba[9], desde los fenómenos de la sensibilidad, pasando  por las percepciones sensibles y  la afectividad, para luego llegar a los procesos espirituales superiores. Este proceso de epigénesis es atravesado por la noción tomista de hábito[10].

Cuando hablamos de epigénesis y camino ascendente es siempre desde la óptica tomista de la estructura de la persona humana. En este proceso es fundamental la consideración de la doctrina de los sentidos internos: Esto se refiere al conjunto de facultades post-sensoriales del alma a las cuales alude Aristóteles y distinguirlas de los cinco sentidos (llamados entonces sentidos externos). Los sentidos internos quedan reducidos a cuatro órdenes de funciones fundamentales, agrupadas a su vez en dos parejas complementarias, integradas cada una por un sentido receptor y sintetizador y uno retentivo, conservador o mnésico. La operación de la primera pareja (sentido común y fantasía) da lugar a la síntesis formal, la de la segunda (cogitativa y memoria), a la síntesis intencional o valorativa (porque captan “intenciones”, “relaciones”). Esta última síntesis está regida por la acción de la cogitativa, que es la suprema facultad sensitiva, el punto en que la actividad imaginativa entra en contacto con el intelecto racional consumando la síntesis entre lo sensible y lo espiritual.

El ser humano en su estructura física expresa de alguna manera su estructura psíquica o, mejor aún, diríamos que expresa toda su estructura psicofísica. Expresa todas sus funciones y el orden que entre ellas debe existir. En el orden superior y por encima de todas las demás funciones se encuentra su cabeza, expresión de su racionalidad, la inteligencia y la voluntad libre. Luego el corazón manifiesta el enorme mundo de la afectividad. La zona genital señala lo instintivo; y, finalmente, las extremidades el contacto con lo real sensible, la sensibilidad y la base biológica y corporal.

Cuando existe un desorden en el nivel pasional (afectivo) es como si esta zona se invirtiera o, mejor aún, se hinchara, se expandiera hacia sus extremos, tomando el protagonismo y no permitiendo el ejercicio natural a otras capacidades plenamente humanas. El trabajo psicoterapéutico desde una concepción realista o integral, será comenzar a fortalecer las áreas debilitadas para iniciar una recomposición indirecta del equilibrio. Al mismo tiempo puede trabajarse directamente sobre la parte afectiva. Para este proceso contamos con los riquísimos aportes de las diversas escuelas psicoterapéuticas que nos van iluminando el procedimiento.

En el orden de la sensibilidad, por ejemplo, cabe mencionar que venimos trabajando con el clásico, y muy efectivo método desarrollado por el Dr. Roger Vittoz[11]  y con las aplicaciones más variadas y sencillas que nos llegan por los trabajos del P. Narciso Irala[12]. Permítanme explayarme, aunque brevemente, en el trabajo sobre los sentidos y la capacidad receptiva. La primera de las técnicas se la denomina sensaciones conscientes. Se basa en el principio de que el ser humano posee infinitas sensaciones, debido a que sus sentidos (externos), “no descansan”, porque constantemente reciben estímulos del mundo, esté o no consciente de ello. Así, en este momento cada uno de nosotros está recibiendo una multitud de sensaciones, la mayoría de las cuales, no son conscientes: sentimos la dureza o suavidad de nuestros asientos, el calor o frío del ambiente, los rumores que nos llegan de la calle, la presión que nuestros vestidos ejercen sobre nuestro cuerpo, la tensión o distensión de nuestros músculos faciales, la estrechez u holgura de nuestros pies dentro de nuestros zapatos… Todas estas señales, y muchísimas más, están, por decirlo de algún modo, inundando el campo de nuestros sentidos en este momento.

Este elevado número de sensaciones puede tornarse problemático si muchas de ellas pasan simultáneamente a ocupar el plano de nuestra conciencia, como enseña el P. Irala, terminando por causar cansancio psíquico. O también puede acarrear disfunciones psíquicas en  las personas que viven nerviosas, ensimismadas en sus problemas, preocupados o apasionadas, que rara vez tienen sensaciones nítidas. “Viven en su mundo subjetivo, salen poco al mundo exterior, hermoso y alegre, como criado por la Belleza Infinita, y cuando salen modifican sus sensaciones con pensamientos extraños, subjetivos, exagerados.”[13]

A pesar de mi todavía modesta experiencia clínica, he podido ya constatar la exactitud de estas afirmaciones. Permítanme que mencione dos ejemplos concretos que pueden ilustrar.

Un joven empresario de 35 años de edad, que llega a la consulta por diagnóstico de estrés laboral derivado por un psiquiatra quien le había recetado alprazolam (Tafil) 1 mg. Manifiesta en su motivo de consulta la falta de atención, la pérdida de capacidad de trabajo, etc. Este joven se enmarca dentro del primer cuadro descripto más arriba, es decir, atormentado por excesivas sensaciones en simultáneo ha terminado por sentirse abrumado y enfermo. Se trabajó durante cinco sesiones  con el método Vittoz[14] y entre sesiones él se ocupó muy bien de llevar adelante sensaciones plenamente conscientes en su quehacer cotidiano, según le fue explicado durante las consultas. Al cabo de este período el psiquiatra resolvió suspender la administración de ansiolíticos que hasta entonces el paciente consumía, y se aprecia una mejoría notable que perdura a pesar del paso del tiempo.

Una mujer, de 58 años de edad, padece una depresión reactiva. Trabajamos con las sensaciones proponiendo “no pensar tanto”, porque sus rumiaciones negativas eran el alimento cotidiano de su estado patológico. Luego de diez sesiones, en las que enseñamos el modo de hacer conscientemente algunas sensaciones deliberadamente seleccionadas, comenzó a gustar de las comidas, a escuchar el sonido de la mañana y a percibir su frescura. En una oportunidad manifestó: “He vuelto a vivir en este mundo”.

La técnica consiste en una reeducación de la consciencia receptiva, mediante las diversas sensaciones. Al ocuparme de una “sana” sensación, realizada de manera consciente, mi atención se posará plenamente en ello. El efecto será  que la atención no se ocupe de las imágenes exacerbadas por la fantasía, y así se irá logrando desplazar aquellas por estas nuevas imágenes. Esto se complementa con la reeducación de la conciencia emisiva, trabajando en la concentración sobre una sola idea, “monoideismo”. Reducir las acciones a una por vez, y realzar la función de la conciencia sensible de lo que se recibe. En estas dos actividades complementarias consiste la “simplificación” de la vida psíquica del paciente.

En mi humilde opinión creo que este campo abre un abanico de posibilidades de trabajo terapéutico y de futuras investigaciones, que nos permite ayudar con gran eficacia terapéutica a un número importante de pacientes, evitando otros modelos terapéuticos que demandan más tiempo, o son más complejos para algunos pacientes, o pueden resultar más invasivos.

Siguiendo en el camino ascendente hemos de trabajar también con la simbolización, corrigiendo, muchas de las veces, la raíz de muchas problemáticas. Para esto último contamos  con un trabajo correctivo de la cogitativa a través, por ejemplo, de una terapia como la Psicoterapia Simbólica[15] o también el método de Desoille[16], que hemos utilizado en consultorio con cierta libertad respecto del modo en que lo plantean dichas terapias, obteniendo buenos resultados. Este método consiste en suscitar la ensoñación del paciente al que previamente se ha llevado a un estado de relajación muscular y psíquica y de atención sobre sí mismo. Esta ensoñación es dirigida a través de indicaciones oportunamente administradas. Tras la sesión imaginaria, se procede a un diálogo terapéutico tomando por materia los significados de los símbolos imaginados. Voy a traer ante ustedes un ejemplo de nuestra experiencia clínica, que nos permite ver la enorme utilidad diagnóstica y terapéutica de dicha técnica:

Estaba en un proceso diagnóstico de un joven de 27 años de edad, seminarista avanzado (pronto a su ordenación diaconal), cuyo motivo de consulta eran crisis de angustia inmotivadas, con profundas dudas vocacionales y existenciales. Administré diversos test y cuestionarios y mantenía un fluído diálogo terapéutico, pero no podía encontrar la causa de su angustia. Apliqué entonces el símbolo del pantano, allí el paciente entra (en la ensoñación dirigida) a un pantano del cual no puede salir fácilmente. Le digo que refiera si ve alguna forma de salir del pantano y menciona a su padre, que se encuentra fuera y le arroja una soga. Al salir del pantano le indico que debe desagotarlo y secar el pantano, luego de lo cual le sugiero ingresar nuevamente y buscar qué cosas son las que estaban debajo del pantano. En un comienzo encontraba cosas insignificantes, hasta que, de pronto, observa un ataúd arrumbado y sucio. Le indico que se acerque a él y que lo abra. Con mucha dificultad y llorando, el paciente lo abre. Ante la pregunta de a quién ve dentro, llorando responde que es su madre. A partir de allí comenzamos a interpretar (en conjunto con el paciente) la dependencia emocional con su madre y la autoexigencia de cumplir con las expectativas de ella respecto de su persona y su vocación. Esto dio lugar a un buen diagnóstico y al exitoso trabajo terapéutico posterior.

En este mismo orden trabajamos, muchas de las veces, con las ideas irracionales de Ellis y la Terapia Racional Emotiva, teniendo por cierto que el esquema del A-B-C establece la importancia de las valoraciones cognitivas de la persona, las cuales pivotean el movimiento emocional.

Cuando una pasión está exacerbada, según la explicación de santo Tomás, arrastra tras de sí gran parte de la energía psíquica de la persona, debilitándose las demás potencias que deberían regular nuestra vida afectiva, y dejando fijada la cogitativa en el objeto hipervalorado, y tras ella, la razón, que se aplica a la justificación de la conducta pasional.[17]

Irala desciende a detalles prácticos para educar los afectos, en una sencilla pero efectiva síntesis de los trabajos del Dr. Roger Vittoz. Lo propone mediante algunos puntos que son usados en nuestra clínica y que, hasta el momento, podemos considerar humildemente que nos ha brindado buenos resultados:

1º Se puede manejar la idea perturbadora, con un trabajo indirecto, ocupando nuestra atención en otra cosa. Esto a través de evitar las situaciones vulnerables: Se le propuso a una paciente con tendencia al desánimo, que evitara la soledad, situación identificada por ella como factor de riesgo en el desarrollo de sus ideas negativas. Esto, a su vez, complementado con un adecuado uso de las sensaciones conscientes  para ocupar la atención en cosas sanas; y evitar la emoción negativa  por medio de ocupaciones atractivas (la música, el arte, el jardín, etc.).

2º Cambiar la apreciación de los sucesos que nos causan impresión. Se trata de enseñarle al paciente que encare bajo distinto ángulo el dolor, la humillación, el fracaso, la ofensa, etc. Tal como lo hace el eminente Viktor Frankl con aquel médico viudo que luego de dos años de la muerte de su esposa aún no había podido superar el dolor de su pérdida al decirle que pensara qué hubiera sido de su esposa de ser ella la viuda. Al instante el médico respondió que ella no lo hubiera soportado. Entonces el psiquiatra vienés le dijo que con su sufrimiento le estaba ahorrando a su mujer  pasar tal suerte.[18]

“Esto no es obra de un día sino fruto de una educación de magnanimidad, de bondad, de comprensión, de fe y de fortaleza”.[19]

3º Cambiar el sentimiento poniendo la tendencia contraria; y así si la persona tiende a temer, pero cada vivencia de temor es contrarrestada con un sentimiento de seguridad, poco a poco se irá debilitando su temor. Como sucede en la exposición imaginaria al riesgo en pacientes fóbicos, a quienes mientras se los expone al estímulo temido se los alienta a seguir adelante y se les da seguridad.

4º Viviendo las emociones positivas; de amor, confianza, alegría, etc. Tratando de asumir deliberadamente actividades que impliquen, por su propia naturaleza, emociones positivas. “Por eso aconsejamos al que quiere vencer su excesiva tristeza, temor, ira o antipatía, que se dedique a dar amor, seguridad y alegría a los demás sobre todo a los más abandonados y necesitados.”[20]

5º Con el cambio en la expresión: toda pasión se caracteriza por la unión psicofisiológica, por su condición de mixtura. No hay pasión sin correlato físico, sin expresión y a cada pasión le corresponde una expresión determinada. Se le enseña al paciente que tiende al desánimo y la depresión, por ejemplo, que en vez de sentir su cuerpo y sus ojos pesados agilice su cuerpo, cambie su expresión facial frente al espejo generando una sonrisa, que sienta sus ojos livianos y blandos, que camine con soltura, etc.

A este trabajo se suma, muchas de las veces, la intervención medicamentosa que es bien oportuna a los fines de restablecer o fortalecer funciones orgánicas a los fines de lograr una mejor disposición fisiológica en el paciente, lo cual, es pivote necesario para el trabajo propiamente psicológico.

Finalmente en el trabajo sobre las potencias superiores contamos con los valiosos aportes de la Logoterapia y la búsqueda del sentido. Hay un principio que afirma que el hombre se mueve naturalmente por fines y es un principio que se constata en la experiencia clínica. Cuando el paciente logra establecer finalidad, ideales y sentido en su vida, el tratamiento se ordena naturalmente y toma una fuerza notable.

El estilo de terapia que realizamos es acorde al paciente y al  motivo de consulta. Los tiempos, si bien varían de acuerdo a las problemáticas, suelen ser breves, con objetivos bien concretos y establecidos oportunamente de antemano en la conversación y en mutua cooperación con el paciente, en la alianza terapéutica.

La psicoterapia que planteamos siempre será integral en la medida en que los fines de la misma se pongan a la par de los fines del hombre. Podemos concebir la psicoterapia como un  auxilio prestado al hombre para alcanzar cierto grado de plenitud que le permita autoconducirse hacia sus fines, o mejor hacia los fines que perfeccionan la naturaleza.[21]

La psicoterapia apunta pues a lograr que el paciente sea autónomo y pueda encontrar cierta plenitud en esta vida. Esa plenitud o perfección a la que debemos llevar a nuestros pacientes en general, desde ningún punto de vista será absoluta y quieta, se trata de lo que Francisco Ruiz Sánchez ha venido en llamar, plenitud dinámica.

Además de esto podemos distinguir la integralidad en la que nos basamos para el abordaje de los pacientes, la cual excede el trabajo puramente psicoterapéutico:

Así se seguirá un camino de reconstrucción del hombre desde las diversas prácticas. Desde lo físico, mediante una atención médica que considere al cuerpo “asumido” por el alma, y esto en tanto es el alma el acto primero que “anima” al cuerpo otorgándole vitalidad racional.  Esto significa que todo lo que la técnica médica obre en el cuerpo es directamente recibido en un cuerpo racional y por tanto se establece una doble direccionalidad de influencia: el acto de curar el cuerpo, que tiene efecto sobre  la afectividad, la razón; pero además también es sabido que la psiquis trasunta en efectos sobre el organismo. Lo dicho se funda en la unidad fundamental y trascendente de la persona. Es la mismidad del yo por debajo del cambio, su unidad e identidad, tanto diacrónica como sincrónica, la interconexión de los estratos biológico, psíquico y espiritual son innegables.[22]

De este modo nos encontramos con la atención del psicólogo, cuya técnica está orientada  prima fase a la intervención sobre lo afectivo y todo el amplio y complejo mundo de la sensibilidad racional. El psicólogo basa su labor en el trabajo sobre la afectividad, que por momentos es reflejo de lo que afecta al cuerpo, y por momentos, es puente que refleja el estado del alma. Este segundo movimiento de intervención se asienta sobre el influjo que la razón puede tener sobre los afectos, así es como ideas irracionales y torcidas pueden afectar lo sensible y lo sensible puede llegar a oscurecer el juicio.

Desde nuestra visión antropológica y por el compromiso con la Verdad, no podemos negar ni pasar por alto la apertura a lo trascendente y la necesidad de elevarse por sobre la razón hacia lo sobrenatural, que hay en lo superior del hombre. Este ser que camina erguido[23] , puede mirar hacia lo alto, está llamado y ordenado a la búsqueda de Dios, y así a la perfección última de su ser. Aquí vemos como el pecado desordena la afectividad y la inclina al mal. Desde lo psicofísico debemos contar con este dato, puesto que el pecado desordena la naturaleza  y la inclina a su propia disgregación. Este tema puede ser vislumbrado en la teoría freudiana, aunque no correctamente entendido. La fe nos da un fundamento más que crucial, y es que el hombre posee una naturaleza caída. Es así como la estructura perfecta del castillo que compone al hombre tiende a desacomodarse. Son testigos de esta desestructura tanto el médico, como el psicólogo, el psicopedagogo, el orientador familiar, etc.[24]

Por ello los profesionales de nuestra fundación, cuando el caso lo amerita, realizan la derivación correspondiente el sacerdote, pastor o cualquier responsable de la espiritualidad de la persona, respetando sus propias creencias.

Aspirar a ver al hombre en su totalidad, es el objetivo fundamental. No podemos ver el hermoso paisaje que se  refleja sobre un puzzle si nos faltan piezas. Así como se hace necesario contar con cada fracción para que se refleje correctamente la belleza de una obra de arte, sin dejar ninguna parte librada al azar. Debemos conocer y asumir de manera integrada cada porción que configura al ser humano. Apreciar  su belleza y riqueza será posible si tomamos en consideración cada “pieza” que lo conforma.

  1. Conclusión:

Nuestro modo de abordaje en estos años nos muestra un alto índice de mejorías. En un estudio realizado en la Fundación con un grupo de 140 pacientes, con trastornos psíquicos moderados, tales como ansiedad, depresión, adicciones y neurosis en general, un 75% de la población se van de alta total o parcial, mostrando signos significativos de cambio. Del 25% restante un 20% abandona el tratamiento por causas ajenas al método terapéutico: algunos por falta de motivación, otros por falta de conexión empática con el terapeuta, etc. El 5% restante abandona el tratamiento por no sentirse cómodos por el método.

Estamos convencidos en seguir trabajando en este rumbo porque creemos que la aplicabilidad de una psicología que funde sus bases en una mirada clásica, realista e integral del hombre en el campo de la clínica terapéutica es posible y esto se constata en nuestra modesta experiencia clínica.

La concepción realista del hombre proporciona, a nuestro juicio, bases amplias, sólidas y susceptibles de indefinida profundización, para una psicoterapia que quiera fundamentar su trabajo sobre criterios que sean respetuosos a un tiempo del rigor científico y de las exigencias de la persona humana.

La finalidad específica del trabajo psicoterapéutico pone de relieve la relación privilegiada que guarda el conocimiento sensible y racional con la experiencia vivida por el sujeto.

La psicoterapia tiende a operar una rectificación tanto de la vida cognoscitiva como de la vida afectiva, en el sentido de un acatamiento cada vez más perfecto al orden objetivo de las cosas. El psicoterapeuta, guardián de la cordura, debe velar porque el paciente afiance de manera cada vez más profunda la racionalidad de su corazón y la cordialidad de su razón.

Éste es un mínimo aporte a la riquísima variabilidad de aplicaciones de la psicología perenne, siempre abierta a infinitos caminos de abordaje tanto especulativos como terapéuticos.

Desde nuestra modesta experiencia y con el profundo respeto por todos aquellos profesionales, profesores e investigadores que desde hace años trabajan en este campo, dejamos en vuestras manos nuestra tarea para que sea mejorada y profundizada convenientemente en futuros trabajos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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Velasco Suárez, Carlos A. Psiquiatría y Persona, EDUCA, Bs. As. 2003.

[1] El concepto de Naturaleza humana lo centramos fundamentalmente en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino (Summa Theologica I, 75-102); y en Juan Pablo II (Ver Karol Wojtyla. Max Scheler y la Ética Cristiana. Wojtyla, Persona y acción. )

[2] Cf. Brennan,R.E. Historia de la Psicología. Madrid 1957.

[3] Dr. FRANCISCO CANALS, La persona, sujeto y término de amor y amistad, Conferencia dictada en el Campus Oriente de la pontificia Universidad Católica de Chile, 1989.

[4] E. FROMM, Psicología per 11 011 psicologi. En: L’amore per la vira. Mondadori, Milano 1992, p. 82.

 

[5] S.Th. I, 75, 4 ad 1.

[6] Ver artículo de María L. Lukac de Stier. Hombre: ni ángel ni bestia. UCA-CONICET.

[7] Velasco Suárez, Carlos A. La actividad imaginativa en psicoterapia. Eudeba. Bs. As. 1974

 

[8] Maruso, Stella Maris. El laboratorio interior. 2009.

[9] Ver Una aproximación realista a la Psicoterapia, en Estudios en Psicología Integral de la Persona. Colección de la Asociación de Psicología Integral de la Persona. Año I, Vol.I. Santiago de Chile-2017.

[10] Cf. S.Th. I-II, 49.

[11]El doctor Roger Vittoz nació en 1863 en Morgues (Suiza), en la ribera del lago de Ginebra. Estudió la medicina ortodoxa y ejerció como internista en Suiza. Murió en 1925. Observaciones muy precisas lo condujeron a construir su método terapéutico. Se dio cuenta de que muchos enfermos presentaban sólo trastornos funcionales, sin lesiones orgánicas. Esto lo llevó a interesarse cada vez más en los enfermos nerviosos y a buscar las causas de sus alteraciones.

Contemporáneo de Freud e interesado por sus trabajos y los de su amigo Breuer sobre la histeria y el tratamiento hipnótico, Vittoz practicó él mismo por un tiempo la hipnosis. Pero terminó por abandonarla, decepcionado por la inestabilidad de los resultados obtenidos e impresionado, sobre todo, por el estado de pasividad de los enfermos.

[12] Irala, Narciso. Control Cerebral y emocional Eficiencia sin fatiga. (1994)

[13] Irala, Narciso (1994). Control Cerebral y emocional, Buenos Aires. Ed. LEA (Libreros y Escritores Asociados)

[14] El doctor Roger Vittoz nació en 1863 en Morgues (Suiza), en la ribera del lago de Ginebra. Estudió la medicina ortodoxa y ejerció como internista en Suiza. Murió en 1925. Observaciones muy precisas lo condujeron a construir su método terapéutico. Se dio cuenta de que muchos enfermos presentaban sólo trastornos funcionales, sin lesiones orgánicas. Esto lo llevó a interesarse cada vez más en los enfermos nerviosos y a buscar las causas de sus alteraciones.

Contemporáneo de Freud e interesado por sus trabajos y los de su amigo Breuer sobre la histeria y el tratamiento hipnótico, Vittoz practicó él mismo por un tiempo la hipnosis. Pero terminó por abandonarla, decepcionado por la inestabilidad de los resultados obtenidos e impresionado, sobre todo, por el estado de pasividad de los enfermos.

 

[15] Ennis, María Ana. Psicoterapia Simbólica. Fundamentación y metodología, López Libreros Editores. Bs. As. 1981.

[16] Desoille, Robert. Lecciones sobre ensueño dirigido en Psicoterapia, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1975.

[17] Cf. Suma Teológica, I-II, 10,3 y 77, 1-2.

[18] Cf. Frankl, Viktor. E hombre en busca de sentido. Ed. Herder. 4º edición. 2004. Pg. 135.

[19] Irala, Narciso (1994). Control Cerebral y emocional, Buenos Aires. Ed. LEA. Pg. 113

[20] Irala, Narciso (1994). Control Cerebral y emocional, Buenos Aires. Ed. LEA. Pg. 118

[21] Cf. Ruiz Sánchez, Francisco. Fundamentos y fines de la Educación. EDIVE, 2003.

[22] Cf. Pithod, Abelardo. El alma y su cuerpo. Buenos Aires 1994 pg.59

[23] Notamos en Aristóteles la claridad con la que expresa la perfección del cuerpo humano en cuanto que es  cuerpo racional, y se expresa del siguiente modo: “A continuación del cuello y la cabeza se encuentran en los animales los miembros anteriores y el tronco. El hombre, en lugar de patas y

pies delanteros, tiene brazos y las llamadas manos, pues es el único de los animales que camina erguido porque su naturaleza y su esencia son divinas, y la función del ser más divino es pensar y tener entendimiento”, En ARISTOTELES, De part. an. II, 10, 656a 5ss. Traducción tomada de I. DURING,

Aristóteles, 837.

 

[24] Es muy posible que  la nueva apologética del alma moderna comience con las contribuciones de la psicología moderna sobre el sujeto del conflicto, y que sea una suerte de prefacio al tratado De peccato originali, que es, relativamente, el tratado de teología más importante para la mente moderna.

Aquí estamos interesados, no en el conflicto en el nivel inconsciente, sino en la causa subyacente de todo conflicto, social o individual, en el cuerpo o en el alma, en la voluntad o el corazón, de las cuales la psicología es una manifestación superficial.

Una psicología  que asume que todos los conflictos se deben a las aberraciones personales del individuo, no puede dar cuenta de la universalidad del conflicto (…)

Si el verdadero origen del conflicto se encuentra  no en el individuo, exclusivamente, sino en la naturaleza humana, es correcto analizar la naturaleza humana común a todos nosotros. En Sheen Fulton J. Paz en el Alma. Lumen. Bs As. 2007